La larga agonía del modelo económico actual (III)

El pasado mes de febrero de 2010, Obama creó la Comisión de la deuda con la esperanza de que su actividad diera cobertura política al audaz intento de luchar contra el déficit presupuestario en 2011. Pero la situación ha cambiado mucho desde entonces. A raíz de la derrota del partido demócrata en las últimas elecciones, Obama es muy consciente de que si quiere hacer algo por equilibrar los presupuestos tendrá que recorrer un largo camino hacia el centro de la política, lo que le haría perder sus esfuerzos porque las clases más ricas fueran las que contribuyeran más, mediante la subida de impuestos.

En el caso de que Obama apueste por mantener las posiciones originales de las propuestas, y evitar que se deteriore aún más el estado de la economía, lo más seguro es que estas propuestas nunca saldrían adelante. Permanecerían durante algún tiempo en las baldas de una estantería cualquiera hasta que se declarara oficialmente la quiebra de la economía estadounidense.

Para los republicanos, las propuestas del presidente son similares a las del informe del grupo bipartidista y que considera que los presupuestos podrían llegar a equilibrarse, únicamente, mediante la introducción de recortes en los gastos. Esta es una afirmación que muchos economistas conservadores y muchos analistas del presupuesto rechazan, dada la magnitud de la deuda prevista debido a la jubilación de la generación del ‘baby boom’ que se retira ya del trabajo y que comienza a reclamar costosos beneficios federales. Todo ello, en medio de la severa recesión económica que se está viviendo actualmente en Estados Unidos.

Además, según la opinión de los integrantes de la Comisión de la deuda, el proyecto elaborado no es más que un mero punto de partida. No se trata de ninguna propuesta formal. Las posiciones reales entre los demócratas y los republicanos son muy distantes. De hecho, eso es lo que se desprende de las reacciones iniciales de los miembros de la Comisión donde nueve de ellos son demócratas y siete son republicanos. Ninguno de ellos abrazó el plan e, incluso, varios integrantes de la Comisión bipartidista dejaron bien claro que no lo apoyarían sin introducir grandes cambios.

Por ejemplo, dejando aparte subterfugios y disimulos, los demócratas quieren que no se lastime a las clases más pobres y los republicanos que no se perjudique a las clases más ricas. Unos defienden que se suban los impuestos a los que son económicamente más poderosos y más se han lucrado en los últimos años y, en cambio, otros manifiestan que no quieren oír, ni hablar de ninguna subida de impuestos, lo que redundaría en unos mayores recortes de los gastos sociales, perjudicando así a los más pobres.

El mes que viene está Comisión deberá votar la propuesta definitiva. Se dice que, anteriormente, no tomaron ninguna decisión para no influir en las elecciones y para evitar la politización de aquellas opciones más dolorosas y controvertidas. Pero, esta cautela de poco ha servido. Los resultados electorales han envalentonado a los victoriosos republicanos que son más contrarios a la subida de impuestos y que llevaron a la derrota a muchos congresistas demócratas que incluso eran fiscalmente conservadores. En estas condiciones, y con la pérdida de la mayoría en la Cámara de los Representantes, los demócratas saben que se han reducido las posibilidades de que se apruebe por una gran mayoría el plan provisional propuesto.

En efecto, la Comisión de la deuda creada por Obama está integrada por un panel que se compone de doce miembros del Congreso y de seis ciudadanos particulares. El próximo mes, catorce de los dieciocho comisionados deberán ponerse de acuerdo para enviar un paquete de medidas al Congreso de Estados Unidos para su votación en diciembre. El líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, de Nevada, y la señora Pelosi —que seguirá siendo el portavoz hasta enero— se han comprometido por escrito para que sea el Senado el que vote en primer lugar de modo que, si se aprobara algún plan, pasaría entonces a la Cámara de Representantes para su posterior votación.

Las espadas están en alto y la crisis, cada día que pasa, se agrava más y más, sin que se vea ninguna salida. Algunos políticos republicanos que saben que no está el horno para bollos, ni para cantos a las bondades de un modelo capitalista neoliberal que se cae, opinan que es posible que catorce miembros de la Comisión bipartidista logren ponerse de acuerdo. Lo que no dicen es cómo. Pero tampoco hay que ser un gran lince para saber que, como casi siempre suele pasar, el ajuste ser realizará a costa de las clases medias y al hecho de reducir los gastos socio-sanitarios de las clases bajas. Lo de reducir los gastos militares y de subir los impuestos es harina de otro costal que con la victoria de los republicanos  es muy improbable que se apruebe.

En pocas semanas sabremos si los miembros de la Comisión de la deuda estadounidense estuvieron a la altura de las circunstancias. Sabremos si fueron capaces de llegar a un acuerdo o si, por el contrario, prefirieron esconderse detrás de los procedimientos legislativos para evitar así el tener que tomar decisiones políticas difíciles y comprometidas. Las amenazas cicateras tampoco faltan en el debate.

Los republicanos advierten que se irían de la Comisión si el tema de la subida de impuestos se mantiene encima de la mesa. Los demócratas desafían con su abandono en el caso de que haya recortes en materia de seguridad social y otros programas de gastos sociales. En estas condiciones, el acuerdo es prácticamente imposible. Y mientras tanto, una Tercera Depresión Económica va devorando insaciablemente nuestro alcanzado bienestar social. ¿Alguien duda ya de la inconmensurable estupidez humana?

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2 respuestas a La larga agonía del modelo económico actual (III)

  1. Dalmata 102 dice:

    Ya lo dice el Eclesiastés (Ecle 1, 15):
    “Stultorum infinitus est numerus”
    (El número de tontos es infinito)

  2. one can argue that it can go both ways

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