Se suele decir que cuando algo es urgente, significa también que ya es demasiado tarde. A medida que los cambios se aceleran, sobre los despachos de los dirigentes que tendrían que tomar serias decisiones se multiplican los informes que requieren soluciones. Como el trabajo se les acumula y dicen que no llegan a todo, resuelven algunos de los problemas en función del orden que les dicta el sentido de la urgencia. Por desgracia, aquello que es importante permanece sin resolver y así es como los ciudadanos tenemos que purgar la negligencia de nuestros dirigentes que irresponsablemente persisten en vivir en el día a día, obligándonos a sufrir el futuro, en lugar de intentar dominarlo.
De este modo, se retrasan las soluciones y la crisis permanece. Los problemas importantes no se hallan inscritos en la agenda de ningún dirigente hasta que el fuego es tan intenso que no hay lugar para la esquiva, ni para el disimulo y es entonces, cuando pretenden resolverlos tarde y mal. Es una constatación que, durante la mayor parte del tiempo, los dirigentes políticos y empresariales de nuestros días, debido a la falta de previsión y a su innegable negligencia, se encuentran privados de un espacio de tiempo que les garantice una mínima libertad de movimientos cuando surgen los grandes y graves problemas.
Escrito por Juanjo Gabiña