Salir de la crisis implica trabajar el largo plazo

La gran cantidad de innovaciones a introducir, para poder efectuar con los menores traumas posibles esta larga transición al nuevo paradigma socioeconómico que nos aguarda, es, con diferencia, nuestro principal reto. Las aplicaciones de estas innovaciones —muchas de ellas sociales— contribuirán a la salida de este crítico cambio de era en el que vivimos. Sin embargo, dada nuestra irresponsable falta de reflexión prospectiva, desconocemos la evolución más verosímil de este cambio de era, a medio y largo plazo.

También desconocemos sus impactos, tanto los que se originen sobre el crecimiento económico como sobre la creación/destrucción de empleos. Así, y por el mero hecho de que la ignorancia sea atrevida, hasta ahora, nuestros gobiernos sólo han demostrado que saben aplicar políticas de parcheo que ayuden a los rentistas del sistema a continuar  dominándolo. La corrupción política juega un gran papel en todo ello.

De igual modo, constato que los diferentes gobiernos no están aún a la altura de las circunstancias. Nuestros dirigentes no son conscientes de que estamos ante el final de una era y que la salida a la crisis actual implica no seguir haciendo más de lo  mismo. Las políticas que diseñan, en una gran medida, son continuistas con las que se aplicaban en el pasado. Lo que suscita muchas críticas acerca de la aplicación de estrategias basadas en el desarrollo de determinadas teorías equivocadas, como son las estrategias reactivas,  y que se aplican fatalmente para superar la grave crisis que padecemos  actualmente. También parece que ignoran —o se pretende ignorar interesadamente— que, debido a que nuestros recursos son limitados,  si aplicamos una estrategia equivocada, los riesgos de caer en una profunda depresión económica que dure años y años son enormes.

Una estrategia reactiva equivale a la estrategia del bombero, la del apagafuegos, que si bien es cierto que, en el pasado, cuando los ritmos de cambio eran más lentos, funcionó bastante bien, ahora se nos muestra obsoleta y poco recomendable porque las acciones a impulsar son de largo aliento. Lo que significa que el que basa su estrategia en copiar cada vez llegará más tarde a la solución de los problemas y, muchas veces, será ya cuando sea demasiado tarde.

Sin embargo, algunos expertos defienden que dicha estrategia sigue siendo válida. Consideran que por el hecho de que no veamos con claridad el futuro que se avecina, lo que tenemos que hacer es intentar ser cada vez más flexibles y adaptables. Cuando las cosas van bien, la estrategia basada en la flexibilidad y capacidad de respuesta es el concepto que más utilizan.

Pero, si las cosas van mal, entonces no dudan en solicitar al gobierno que aplique una estrategia reactiva aprobando todo tipo de ayudas y subvenciones a los bancos, a costa del empobrecimiento progresivo de las clases medias. La clave de la salida de la crisis del sistema financiero especulativo actual se basa en corromper a los diferentes gobiernos.

De este modo, se garantiza que apliquen el principio que defiende la privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas de los rentistas del sistema. Todo ello, a pesar de las montañas de mentiras que los políticos vierten todos los días negando la mayor, negando que todos los planes de rescate que se están aprobando por los diferentes gobiernos para ayudar a los bancos y cajas de ahorro son a costa de los contribuyentes actuales y futuros. Un asalto a las clases medias en toda regla.

Además, la estrategia reactiva que espera a que se produzcan los acontecimientos para empezar a actuar improvisando, se basa en un concepto que nos lleva a muchos engaños y fracasos. En sí, es un concepto muy seductor pero quienes se dejen encandilar por este concepto se olvidan de que la adaptabilidad instantánea no deja de ser más que una mera ilusión, un espejismo.

Se olvidan de que las competencias, los conocimientos y la experiencia no pueden ser renovados en un instante y, mucho menos, cuando hablamos a nivel del equipo humano que constituye una organización determinada. La movilidad implica apropiación y ello requiere un tiempo de maduración e, incluso, un retorno de experiencias.

Se necesita que los proyectos en marcha cuenten con un periodo de tiempo determinado para poder experimentarlos. La adaptación a los cambios que habrá que encarar para efectuar nuestra transición al nuevo paradigma emergente en clave de sostenibilidad es algo que no se improvisa. Cualquier intento por lograrlo, sin contar con el compromiso y la movilización de los diferentes ‘stakeholders’ o actores implicados del sistema, sería un estrepitoso fracaso.

Además, previamente es obligado que asumamos cuanto antes que si se quiere salir airoso de esta prueba que nos depara toda salida exitosa de la actual crisis económico-financiera será necesario cumplir con las condiciones que nos marca el trinomio: Innovación-Competitividad-Sostenibilidad (ICS), donde la productividad de los recursos adquiriría particular importancia.

En todo ello, el largo plazo es lo único que puede garantizar el éxito de las acciones que comprometen nuestro futuro. El corto plazo es una trampa mortal si uno gasta todas sus energías en querer dominarlo. En él sólo existe lugar para la sangre, el sudor y las lágrimas. Sin embargo, todos estaríamos dispuestos a sufrir si supiéramos con qué nos encontraremos después de atravesar el túnel del esfuerzo, de las privaciones y del sufrimiento.

Cuando trabajamos en el largo plazo es cuando la economía cobra todo su sentido. Es cuando destinamos el corto plazo al servicio de las metas u objetivos generales establecidos en el largo plazo. Es cuando la voluntad y la razón se funden devolviéndoles a los seres humanos toda su integridad. Es entonces cuando comenzamos a dotarnos de espacios llenos de poder.

El corto plazo implica políticas de parcheo. En el largo plazo es donde se inscriben aquellas acciones profundas que modifican el curso de los acontecimientos. Cuando hablamos de nuevas infraestructuras, de introducción de innovaciones, de desarrollo sostenible, de coherencia formación-empleo, de productividad, de competencias genéricas, de cambios de mentalidades y de comportamientos, etc., estamos refiriéndonos a horizontes que superan los tres o cinco años, por lo menos.

En estos casos, nunca nos referimos a unos pocos meses porque las acciones con respecto a estos objetivos se hallan ya tomadas y es obvio que, con perspectivas sujetas al corto plazo, los márgenes de maniobra de los que se disponen siempre son muy limitados. Las apuestas que atienden el largo plazo son aquellas pueden resituar nuestra posición estratégica frente al cambio de era que ya hemos iniciado sin saberlo y, a su vez, dar sentido a nuestras actuaciones en el corto plazo. De este modo, el futuro por el que apostamos se podrá convertir en la razón que justifica y determina nuestras acciones en el presente.

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7 respuestas a Salir de la crisis implica trabajar el largo plazo

  1. Dalmata 102 dice:

    Juanjo, aunque no te hayas dado cuenta has escrito algo tan bueno que pienso hacerceselo llegar a mi propio jefe. Creo que le encantará pues está hasta el gorro de luchar contra un consejo de administración que tiene una horrible aversión al riesgo y siempre le está pidiendo resultados a corto plazo. Una vez le dijeron que eso del largo plazo era hablar de cuando todos estemos muertos. Que te lo diga gente que apenas tiene cuarenta años es patético.

    Te felicito sobre todo por este artículo y el anterior

    Un cordial saludo

  2. pepe dice:

    rentista del sistema <? QUIENES SON?PODRIA DECIRMELO?

  3. oscar dice:

    Excelente Juanjo. Me gusta que acentues tu tono crítico. No pienso que adoptar una actitud revolucionaria, guillotina en mano, sea la solución, pero la sociedad ha de expresarse con vehemencia, precisamente para evitar situaciones mas difíciles. Especialmente hiriente es el silencio de nuestros intelectuales cuando están bien alimentados. No es sorprendente que nadie proponga que el problema del desempleo podría paliarse repartiendo equitativamente el empleo existente. En este pais, a algunos, cuando los presentas no sabes si hacerlo como profesional, profesor, politico, empresario o tertuliano. No olvidemos que es mas importante que nunca reconocernos como grupo y trazar objetivos comunes, o remamos todos juntos o nos vamos al fondo. Ojalá no veamos a las primeras ratas abandonando el barco…

  4. oscar dice:

    Perdon, había olvidado que un ministro y su lugarteniente ya están en tierra firme. Saludos.

  5. jjgabina dice:

    Pepe.

    Los rentistas del sistema son aquellos actores que viven de los privilegios, prebendas, exenciones, regalías y concesiones que les otorga la actual relación de fuerzas. Influyen muy bien en los diferentes gobiernos hasta el punto que son estos actores los que establecen las reglas de juego. Funcionan en régimen de oligopolio por lo que les es fácil llegar a acuerdos sobre precios, tarifas y mercados que, más tarde, como ‘lobby’ o grupo de presión imponen a los gobiernos que no tienen proyecto estratégico diferenciado del escenario tendencial o ‘Business as usual’, es decir, la inmensa mayoría de los gobiernos que siguen haciendo más de lo mismo.

    Fundamentalmente y dentro de estos actores se consideran rentistas del sistema a las empresas de los servicios públicos como son las del sector de telecomunicaciones, las del sector de la energía (electricidad, gas y petróleo y sus derivados) y las del sector financiero pero también podrían entrar otros sectores económicos y otras empresas que controlan el mercado, así como otros actores sociales como son los sindicatos y los funcionarios, etc. A partir de estas breves aclaraciones ya verás como te resultará fácil identificarlos a todos.

    Un cordial saludo

    Juanjo Gabiña

  6. pepe dice:

    mila esker azalpenagaitik,ulertzen dut orain

  7. Hi, interesting post. I have been wondering about this issue,so thanks for writing. I’ll certainly be coming back to your site.

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