El descubrimiento podría tener capital importancia para el desarrollo de los biocombustibles, ya que no ocasiona ninguna colisión de intereses con el sector de la alimentación. La materia prima con la que trabaja es la biomasa lignocelulósica. El descubrimiento se debe a que unas bacterias, que han sido modificadas genéticamente, pueden fabricar bioetanol, a partir de la celulosa. Esto no es nuevo. Lo nuevo es que pueden hacerlo, de un modo mucho más económico, que el resto de los procesos que se utilizan para fabricar etanol.
De confirmarse su viabilidad económica y técnica en su fase de industrialización, la innovación será una noticia muy esperanzadora para toda la humanidad puesto que abrirá un gran potencial para la utilización de las basuras en la producción de biocombustibles. De este modo, podremos producir energía sin tener que recurrir a la incineración. Incluso, se podrá producir una gran cantidad de biocombustibles, a partir de los residuos y subproductos de la agricultura y la selvicultura como el bagazo, la paja, las ramas, las hojas secas, etc.
Escrito por Juanjo Gabiña