El cambio climático y los países pobres (y II)

En lo referente al sector público, dentro de lo que se conoce como fiscalidad sostenible, los gobiernos de algunos países ricos o desarrollados están creando nuevos impuestos o tasas, con el objetivo de utilizar sus ingresos para financiar programas que persiguen tanto la reducción de la pobreza como la adaptación al Cambio Climático, a nivel mundial. Francia, por ejemplo, ha establecido una tasa sobre los vuelos internacionales —varíable entre uno y cuarenta euros por asiento, según los casos— que pretende utilizar para la lucha contra el sida, en África.

A su vez, algunos grupos ecologistas quieren que se aplique un tasa similar en todos los vuelos internacionales para ayudar a los países pobres en sus esfuerzos de adaptación al Cambio Climático. De igual modo, algunos países, por su parte, también están creando fondos de adaptación al Cambio Climático como parte del dinero que se ingresa en las subastas de los derechos de emisión de GEIs, dentro del comercio de emisiones.

Una quinta parte del dinero que se recaude en la Unión Europea, dentro del programa relativo al comercio de emisiones —y que se prevé que ascienda a unos 15.000 millones de euros para el año 2020— se supone que se destinará a financiar los esfuerzos de la lucha contra el cambio climático, en particular, aquellos esfuerzos de adaptación que realicen los países en vías desarrollo.

En Estado Unidos, este mismo año, un proyecto de ley parecido fue propuesto por el Senado. Se estimó que dicho proyecto de ley, caso de aprobarse, podría generar, a partir de 2025, un valor que oscila entre 10.000 millones y 20.000 millones de dólares. Sin embargo, el proyecto de ley fue rechazado, por lo que, para su aprobación, habrá que esperar al próximo mandato presidencial pues se da el caso de que medidas similares destinadas a la adaptación al Cambio Climático cuentan con el respaldo de ambos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y John McCain.

Algo que todavía es más importante es lo acordado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que el pasado mes de diciembre se celebró en Bali. Allí se creó lo que, esencialmente, sería una tasa mundial sobre las emisiones de CO2, para que el dinero recaudado se gastara en adaptación al Cambio Climático y fuera controlado por un organismo internacional. En el marco del Protocolo de Kioto, las empresas de los países ricos que han firmado los acuerdos sobre el clima pueden financiar las reducciones de las emisiones de GEIs de empresas privadas pertenecientes a los PVD.

A cambio, las empresas financiadoras de los países ricos podrán compensar parte de sus propias emisiones tope. Estos acuerdos entre empresas se ocupan de la producción de “créditos de carbono” —‘carbon credits’— que alcanzan un determinado valor de cotización, al poder ser objeto tratamiento comercial. En junio de 2008, se acordó que el 2% de ese valor —en previsión de alcanzar un máximo de 950 millones de dólares para 2012— pasará a engrosar un fondo de adaptación que esté controlado por los donantes y los receptores de los créditos. Actualmente, el banco cuenta tan sólo con unos 100 millones de dólares como valor de estos créditos.

Por lo tanto, es cierto que, en teoría, la adaptación al Cambio Climático se podría convertir en un buen negocio que daría buenos beneficios y crearía muchos empleos. Sin embargo, sobre cómo hacer que ello sea posible es cuando nos encontramos con una serie de problemas de difícil solución, al menos por el momento, y mientras la crisis económico-financiera, que actualmente padecemos, acapare todos los esfuerzos de los diferentes gobiernos de los países desarrollados.

Para empezar, señalaré que con el dinero que se ha puesto no hay más que para hacer la propaganda y poner los anuncios, si es que llega. Unos cálculos más ajustados nos dirían que la cuantía total para que los países en vías de desarrollo se puedan adaptar al Cambio Climático, serían necesario un fondo de decenas de miles de millones de dólares al año.

Hasta la fecha, el total comprometido —acumulativamente, no por año— es tan sólo de 300 millones de dólares, de los cuales sólo un 10% ha sido efectivamente gastados. China dice que los países ricos deberían destinar 0,5% del total del PIB como ayuda oficial a la adaptación al Cambio Climático de los países en vías de desarrollo. Pero, la mayoría de los países ricos o desarrollados no están ni siquiera cumpliendo con las promesas anteriores como para pedirles que aumenten las ayudas por otras razones. Además, con la crisis económico-financiera —donde se incluye la necesidad apremiante del cambio de modelo energético y productivo— que ahora padecemos, todo lo referente a la lucha contra el Cambio Climático ha quedado en segundo lugar, por lo que parece que todo está quedando tan sólo en buenas palabras.

Esta discrepancia entre promesas y realidades —cínica, por otra parte— quiere decir que los países pobres acabará llevándose la peor parte del Cambio Climático y, por tanto, serán ellas quienes tendrán que pagarse su propia adaptación al Cambio Climático y si no, pues que . China tiene un plan sobre el Cambio Climático que contiene una elaborada serie de objetivos a perseguir y de retos a enfrentar. Bangladesh, este año, coloca 50 millones de dólares en un fondo de adaptación nacional e invita a los países ricos para que contribuyan a hacerlo más grande. Sin embargo, este tipo de medidas es mucho más fácil llevarlo a cabo para países gigantes como China, o para países grandes como Bangladesh, que para países más pobres y pequeños como Malí o las Islas Maldivas.

Cuando los mayores problemas son problemas de dinero —como casi siempre— lo que hay que hacer es luchar por el botín. Los países ricos pueden crear fondos de ayuda y concederlos a los países pobres que van a tener que soportar unos mayores impactos y, por tanto, que necesitan más ayuda económica, pero una vez que vean que hay mucho dinero acumulado en los fondos, también querrán su parte. Por ejemplo, para el Gobierno de Bush, la reconstrucción de los diques de Nueva Orleans debido a los destrozos producidos por el paso del huracán Katrina siempre tendrán más prioridad que los proyectos que se hayan de hacer en África o en el Caribe.

Incluso, si los países pobres consiguen obtener ayudas, habrá necesidad de pelear sobre cómo utilizarlas. Para algunos expertos como Saleemul Huq, del Instituto ‘International Institute for Environment and Development’, en general, la mayoría de los gastos de adaptación al Cambio Climático deberían ir dirigidos a aquellos países que tienen problemas de riego, necesitan semillas resistentes a la sequía, etc. Aunque todo ello es también relativo y, por consigueinte, puede dejar mucho espacio a la controversia.

En el caso de que el Cambio Climático origine una subida importante del nivel del mar, ¿Qué habría que hacer, construir diques o realojar a la gente en otros lugares más seguros? En el caso de que aumenten las enfermedades infecciosas, ¿Qué habría que hacer, gastar dinero tratando de erradicar las peores enfermedades, como la malaria, o gastar dinero en mejorar la salud y la nutrición, en general?

Gastar dinero en mejorar la salud tiene mucho sentido pero, desgraciadamente, la mayoría de los países donantes concentran sus ayudas y esfuerzos en erradicar una sola enfermedad. Además, como George Soros, un agente importante del sector financiero que también dirige una cadena de organizaciones filantrópicas, afirma, por su experiencia, son pocas las personas de los países pobres, las que tienen una idea clara sobre lo que representa el Cambio Climático y, mucho menos, sobre cómo hacerle frente.

Por último, los acuerdos internacionales que podrían ayudar a resolver algunas de estas controversias son un desastre. Entre los países en vías de desarrollo, la mayoría de las negociaciones sobre el Cambio Climático —como en todo lo demás— están dirigidas por los tres grandes: China, India y Brasil. Pero estos países, a su vez, son grandes contaminadores y sus intereses difieren de los países e islas que son mucho más pobres. De donde se constata un absurdo importante. Los países más vulnerables al Cambio Climático son lo que menos participan en las conversaciones internacionales sobre el Cambio Climático.

De esta forma, los países más pobres salen perdiendo. Además, se da la paradoja de que cuando los países industriales ayudan a reducir las emisiones de CO2 en los países emergentes, aplicando los mecanismos de desarrollo limpio, son recompensados en base a los acuerdos del Protocolo de Kyoto. Sin embargo, los países más pobres no son recompensados por la gran contribución que podrían aportar a la reducción de emisiones, mediante una mejor gestión de los bosques tropicales. Esto se debe a que la consideración de los bosques como sumideros de carbono fue algo que se excluyó en el Protocolo de Kyoto, a pesar de los países pobres.

Mary Robinson, anterior presidenta de Irlanda y, en la actualidad, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, declaró, no hace mucho, que debería haber un enfoque sobre la problemática que encierra el Cambio Climático que estuviera más basado en los derechos humanos, que significara que los países pobres, en base al derecho internacional, pudieran tener recursos para hacer frente a los impactos negativos debidos al Cambio Climático que ya han empezado a sufrir y que sufrirán más en un futuro.

Todo esto podía parecer una recomendación para que la aceptaran los países ricos. Sin embargo, también refleja una creciente impaciencia porque cada tenemos menos tiempo para preparar la adaptación al Cambio Climático. En la medida que los impactos negativos, debidos al Cambio Climático, van a tener que ser mucho más sufridos por los países pobres, en justicia, sus demandas deberían ser escuchadas por los países ricos. A su vez, puesto que los países desarrollados o ricos son los principales causantes del Cambio Climático, también sería justo que los países ricos se comprometieran en ayudar a los países pobres a que éstos puedan adaptarse cuanto antes al Cambio Climático.


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2 respuestas a El cambio climático y los países pobres (y II)

  1. Dalmata 101 dice:

    Los seres humanos somos unos lobos que todavía no hemos aprendido lo que es comportarse con humanidad

  2. silvia dice:

    me gustaria participar en algun programa para ayudar a los pobres de africa

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