A pesar de todas las previsiones realizadas, el futuro de las personas mayores y ancianas de mañana será muy diferente a lo que ahora quizá pudiéramos imaginar. Para poder entender el alcance de los cambios, sería necesario tener la mente abierta a las mutaciones que se presienten y trabajar, muchas veces, con las ideas contraintuitivas más provocativas porque, en el cambio de era en el que nos encontramos, el pasado ha dejado ya de explicar el futuro.
En efecto, cuando se fagocitan las mutaciones, las sociedades emergen completamente renovadas. Por eso es que estamos viviendo, a pesar de nuestros justificados temores —en esos instantes cruciales de la historia de la humanidad, donde el futuro cada vez está más cargado de incertidumbres— unos momentos decisivos y, a la vez apasionantes. El futuro de nuestras sociedades, una vez hayamos balizado el abanico de los escenarios posibles y realizables, habría que reinventarlo y forjarlo en función de nuestros deseos, nuestra voluntad y nuestra libertad para que ese futuro por el que apostamos pudiera ser la razón de nuestras actuaciones en el presente.
Escrito por Juanjo Gabiña