Los pleitos que aguardan a la nanotecnología

En base a la nanotecnología —la ciencia que se aplica en manipular la materia desde la escala nanométrica hasta la escala micrométrica— se puede modificar el ancho de un cabello humano, para crear nuevos y únicos materiales y productos. Como ciencia, la nanoteconología, representa una gran promesa para el desarrollo de innovaciones revolucionarias que se esperan en los campos de la medicina, la energía y la agricultura. Sin embargo, a medida que los científicos trabajan para lograr descubrimientos pioneros en nanotecnología, los bufetes de abogados están esperando pleitearse con los fabricantes de nanoproductos, a nada que se denuncien impactos negativos de los nanoproductos contra la salud y el medio ambiente.

La nanotecnología viene de lejos. Ya desde la antigüedad se sabía que el mundo material estaba compuesto por átomos. En aquel entonces, los átomos se consideraban indivisibles por definición. El filósofo griego Demócrito fue pionero en sostener esta tesis, hace casi 2.500 años. Demócrito está considerado como el fundador de la escuela atomista. Sin embargo, nadie de aquellos tiempos, ni de otros posteriores, sabía cuantos átomos eran necesarios para formar una moneda. Tuvo que nacer en el siglo XVIII, para decírnoslo, Amadeo Avogadro, que era profesor de Física en Turín. Avogadro fue el primer hombre en la historia que consiguió contar los átomos que contiene una gota de agua.

El científico italiano estableció también la relación que existía entre el diámetro de un átomo de magnesio y el de una bola de tenis es la misma que entre una bola de tenis y la Tierra. Una sola gota de agua contiene alrededor de 1.000.000.000.000.000.000.000 átomos —1021 átomos. Como podemos deducir, fácilmente, el tamaño de los átomos es minúsculo. Su tamaño equivale a la décima parte de un nanómetro, y un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro.

Hoy en día, la nanotecnología se ubica dentro del campo de las ciencias aplicadas. Se ocupa del control y manipulación de la materia a una escala que oscila entre el micrómetro, 10-6 m, y el nanómetro, 1 nm = 10-9 m; es decir, a nivel de átomos y moléculas —nanomateriales. En la práctica, lo más normal es que la manipulación de la materia se produzca en un rango que oscila entre 1 y 100 nanometros. Un nanobot —nanorrobot— de 50 nm suele tener el tamaño de cinco capas de moléculas.

Como podemos apreciar, se trata de una ciencia del futuro que nos augura más notables y radicales descubrimientos que podrían garantizar a los seres humanos su viabilidad futura. A escala nanométrica, la materia ofrece propiedades diferentes y, muchas veces, sorprendentes, de tal manera que las fronteras entre las disciplinas científicas y técnicas establecidas, a menudo, se difuminan.

De ahí, el fuerte carácter interdisciplinario inherente a la nanotecnología. Sin embargo, no todo es positivo ya que la nanotecnología, si no se controla bien y desde el principio, puede ocasionar daños irreparables tanto para la vida en el planeta como para la salud humana. Por ello, surgen problemas cuando entramos en la frontera de las responsabilidades debido a los impactos negativos que los nanoproductos pueden originar a los seres vivos de manera irreversible.

La pregunta clave sería la de saber si existen leyes y reglamentos que nos pudieran dar protección adecuada contra los nanomateriales. La respuesta, en nuestro caso, es que no. En Estados Unidos, donde el derecho consuetudinario está tan arraigado, la respuesta sería que nadie sabe por ahora la respuesta, pero que, por si acaso, los bufetes de abogados sí saben que existe un mercado en materia de responsabilidades, daños y agravios que podría llegar a ser potencialmente explosivo.

Así pues, y curiosamente, dentro del ámbito jurídico se ha despertado un interés especial por la nanotecnología. El motivo es que, dadas las incógnitas y los desafíos importantes que plantea la difusión de nanomateriales dentro de los marcos legales de actuación existentes, esta ciencia aplicada puede aportar un área importante de negocio en el futuro.

Lo que hace que todas estas reflexiones sean tan intrigantes es la propia naturaleza —fundamentalmente diferente— de los nanomateriales. En algunos casos, cuando se trabaja  a escalas tan pequeña como 10-9 metros, se modifican las propiedades de la materia. Por lo tanto, no es de extrañar que una sustancia química de tamaño ‘nano’ llegara a adoptar un nuevo color o comenzara a ser un material conductor de electricidad. Además, las partículas de escala ‘nano’ son a menudo químicamente más reactivas porque tienen una mayor superficie de contacto.

Actualmente, no hay reglamentos que se ocupen de la naturaleza única de las nanopartículas. Esto significa que los productos están llegando al mercado sin la debida supervisión, allanando de este modo, el camino para que se den las condiciones para que se instruyan una serie de procesos judiciales, a nada que surjan denuncias. En Estados Unidos, la consideración que se les da a los nanomateriales se recogen en algunas leyes, en particular, en la Ley sobre el Control de Sustancias Tóxicas —TSCA.

Pero la TSCA es una ley que resulta muy ambigua y que, mucho menos, es capaz de respondernos a preguntas del tipo: ¿Los nanomateriales son nuevas sustancias químicas o son sustancias químicas que ya existen?. En dicha ley no se establece una subcategoría de los nanomateriales porque se considera que el tamaño es irrelevante.

Esto significa que los nanomateriales, si tienen la misma composición química, se regularán como todos los demás productos químicos existentes. Es decir, se regularán como productos químicos que ya están en la lista aunque las propiedades físicas y químicas hayan variado sustancialmente. De este modo, al no tener en cuenta las singulares propiedades de los nanomateriales será muy difícil que se pueda realizar, en la práctica, una supervisión adecuada de los mismos.

Por el contrario, a nivel científico, el consenso sobre los nanomateriales coincide en que el término ‘nano’ no significa simplemente diminuto, sino más bien que incluye a aquellos materiales que tienen la capacidad de actuar de manera, fundamentalmente, diferente. Por lo demás, la preocupación principal estriba en que no se hacen investigaciones sobre los impactos que pueden causar los nanomateriales sobre la salud, la seguridad y el medio ambiente.

Geordge Kimbrell —abogado del ‘International Center for Technology. Assessment’ (CTA)— presentó, en mayo pasado, una denuncia a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, EPA —‘Environmental Protection Agency’— criticando su reglamento sobre las partículas de plata de tamaño ‘nano’. El Centro Internacional de Evaluación de la Tecnología quiere que la EPA considere a las nanopartículas de plata como los únicos plaguicidas que pueden ocasionar graves daños al medio ambiente. La plata debería ser etiquetada como un plaguicida en su forma más amplia, porque los estudios muestran que puede ser un elemento tóxico para la vida acuática.

Más allá de esta demanda interpuesta por el CTA, demos de reconocer que, hasta ahora, ha habido pocos litigios sobre posibles daños ocasionados por la nanotecnología. David Wallace, un abogado de la firma Chadbourne & Parke LLP, considera que las acciones legales sobre las nanotecnologías crecerán de manera espectacular, una vez que las nanotecnologías que se aplican en el campo del tratamiento del cáncer pasen de los laboratorios al mercado. Sin embargo, para ello se necesitarán pruebas y, en el caso de la responsabilidad de los nano-productos, es poco probable que se vean sus efectos sobre la salud, antes de que hayan ocupado el lugar que corresponde a los fármacos y dispositivos de nueva generación.

De cualquier modo, los nanomateriales ya se utilizan en una amplia gama de productos —desde chips para ordenadores hasta filtros solares— y representaron, en 2007, más de 58.700 millones de euros en productos manufacturados. Para 2014, se prevé que este volumen de productos manufacturados en base a la nanotecnología llegará a representar un valor de 1,73 billones de euros, a nivel mundial. A su vez, se estima que un 15% de la producción total incorporará productos fabricados, total o parcialmente, en base a la nanotecnología.

El hecho de que existe una amplia gama de nanoproductos también implica que existe una amplia gama de riesgos relacionados con la comercialización de nanomateriales, máxime si tenemos en cuenta también la extensión y el alcance del campo en el que operan. Este hecho va a influir también en cómo se desarrollen los pleitos.

En un extremo, estos pleitos o litigios se derivan de los riesgos relacionados con el medio ambiente y la salud, sobre los que puede llegar a crear impactos significativos. Por ejemplo, la integración de nanopartículas en las pinturas o selladores que permiten un mejor aislamiento o una una mayor resistencia a la transmisión de calor —tecnologías que ya existen en el mercado— plantea la necesidad de limitar los riesgos derivados de la exposición a la inhalación de partículas potencialmente peligrosas.

Por otra parte, el riesgo podría ser mayor en otras fases de la vida de los nanomateriales. Me refiero a la fase de su fabricación, a la fase de reciclado e, incluso, a la fase de eliminación, sin olvidarme de los potenciales efectos negativos —que no son conocidos todavía— de estos materiales sobre el medio ambiente o contra la salud, cuando se trata de una exposición directa de las personas a los nanomateriales.

Debido a estas valoraciones sobre riesgos potenciales, las aseguradoras ya están mirando a los temas relacionados con la nanotecnología con mucha cautela. Por ello, están trabajando ya sobre las muchas y variadas cuestiones que podrían dar origen a pleitos y  que, inevitablemente, se producirán en la medida que la nanotecnología progrese.

Las compañías de seguros y reaseguros también están interesadas —como los bufetes de abogados— porque ven en la nanotecnología a ese gran desconocido que está avanzando y que se supone que tendrá problemas. Sobre todo los que no tiene una formación técnica como los abogados, a la nanotecnología la ven como algo que es problemático, que mueve mucho dinero y donde se podrían librar muchas batallas legales y sacar mucho dinero de ellas.

Paralelamente, las empresas nanotecnológicas están tratando de desarrollar una estrategia que aborde tanto los  aspectos singulares de su negocio como sus riesgos inherentes. Por ahora, las compañías de seguros y reaseguros van por delante en lo que se refiere a previsiones de riesgos —identificación, cuantificación y gestión de riesgos—pero eso es todo lo que saben hacer. El gran reto consistirá en saber cómo manejar este creciente negocio, dado lo ambiguo, inseguro e incierto que representa la comercialización de los nanoproductos.

Por de pronto, ya se está advirtiendo a las aseguradoras que deben tener cuidado a la hora de evaluar los nuevos productos basados en nanomateriales, debido a la falta de datos sobre los efectos a largo plazo que podrían originar contra la salud humana y el medio ambiente. En el pasado, al menos en Estados Unidos —y todo lo contrario en países como España— la falta de regulación ha demostrado ser poco útil para las aseguradoras que, debido al derecho consuetudinario que en dichos países se practica, han tenido que pagar sumas fabulosas de dinero como indemnizaciones.

Por ello, en nuestro caso, lo normal es suponer que las leyes irán cambiando, a medida vaya evolucionando la nanotecnología y, a medida que ésta vaya conociendo una mayor reglamentación de carácter obligatorio que sustituya al vació legal que actualmente existe. ¿Llegaremos tarde? Seguramente sí. Sobre todo, en un país donde, sus dirigentes políticos no dan la talla y esperan, ingenua e irresponsablemente, que los precios del crudo de petróleo vayan para abajo. Actúan como el avestruz y no aplican ninguna estrategia para que escapemos, urgentemente —máximo un plazo de doce años— de nuestra abrumadora dependencia del petróleo, como hacen otros países más inteligentes.

 


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3 respuestas a Los pleitos que aguardan a la nanotecnología

  1. Don Luca dice:

    Ahora si que me enterado lo que hace la nanotecnología. Si sale algo bueno lo disfrutaremos todos pero si sale malo la tenemos clara. En España una multinacional no pierde ni el tiempo. Gana todos los pleitos y es que es facil ya que el gobierno se lo pone todo a huevo para que así sea. Primero están las multinacionales que es donde se meten todos los exprresidentes como Gonzalez y Aznar y luego los ciudadanos. Aqui mandan mas Repsol, Banco de Santander e Iberdrola que Zapatero y el PSOE juntos y con eso creo que lo digo todo

  2. Espartacus dice:

    Ya no hay políticos honrados que peleen por sus ideas, Don Luca, todos se venden. Sobre todo los que tienen por profesión ser político.

    Saludos

  3. Cada pais tiene que legislar deacuerdo a su realidad social, y para el bien comun.

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