Esta transición conoció su principal hito con la aprobación, en diciembre del año pasado, de la ley sobre energía: “Energy Independence and Security Act of 2007”, que persigue que Estados Unidos alcance una mayor independencia y seguridad energética, aumentando la producción de electricidad y de carburantes, en base a las energías renovables, para proteger a los consumidores, para aumentar la eficiencia de los productos, de los edificios y vehículos, para promover la investigación y el desarrollo de técnicas de captura y almacenamiento de gases de efecto invernadero y para mejorar el rendimiento energético del Gobierno Federal, y para otros fines.
El segundo hito surgió hace poco, cuando el pasado jueves, 17 de julio de 2008, el ex-vicepresidente norteamericano, Al Gore, realizó un importante discurso en Washington, estableciendo un objetivo ambicioso para Estados Unidos, consistente en que, para el año 2018, toda la generación de electricidad se realizara sin necesidad de recurrir al consumo de hidrocarburos fósiles. Para ello, el impulso que había que imprimir a las energías renovables es importante pero no imposible, ni mucho menos. Se trata, nada más, de eliminar el petróleo, el gas natural y el carbón de la cesta de energías primarias que se utilizan para producir electricidad y de hacerlo todo, en un plazo no superior a los 10 años.
Escrito por Juanjo Gabiña