El nuevo paradigma energético conlleva romper también con los actuales modelos empresariales. Equivalen a lo que el economista Joseph A. Schumpeter calificó como la ‘destrucción creativa’, donde las propias innovaciones sostenibles introducidas en el mercado son las que destruyen las tecnologías obsoletas. A su vez, las tecnologías que sostienen estas innovaciones sólo pueden ser sustituidas por aquellas otras tecnologías que demuestren que son más eficientes que las anteriores.
El impacto tecnológico que tienen estas innovaciones es tremendo, y muchas veces revolucionario, ya que llegan a modificar las reglas de juego. Este hecho es el causante de que muchas empresas, que se centran demasiado en los clientes y que copian por mimetismo a aquellas empresas, a las que consideran líderes por el mero hecho de que son las que obtienen más beneficios en el desempeño de sus mismas actividades, fracasen luego estrepitosamente cuando más se agudizan las contradicciones en el mercado. El cortoplacismo es el mal endémico de nuestras empresas que funcionan sobre la base de que todo seguirá igual, sin hacer caso de las necesidades y de los grandes cambios que nos plantea el futuro.
Escrito por Juanjo Gabiña