A pesar de que, con el paso del tiempo, fueran ganando en consideración los factores sociales, lo hicieron parcialmente. Al final, en caso de conflicto con los factores económicos, siempre ganaban estos últimos. Lo importante era garantizar la creación de empleos, se sostenía desde la perspectiva social. Si muchos de los empleos que empezaron a crearse eran en precario se empezó a considerar que, debido a la fuerte competitividad mundial, la precariedad era algo inevitable y por tanto secundario. Si los salarios eran cada vez más bajos con respecto a las necesidades y originaban que cada vez hubiera más familias por debajo de los umbrales de pobreza, también empezó a verse secundario. Lo que primaba era no frenar el crecimiento económico y conseguir el mantenimiento de los empleos.
Durante estos últimos treinta años, el precio a pagar en materia ambiental y social ha sido enorme. Además de la precariedad en el empleo, nos hemos encontrado con ciudades y ríos contaminados, amplia ocupación de terrenos fértiles para la producción agrícola, aumento de los desplazamientos domicilio-trabajo, congestión del tráfico viario, carestía de los precios de la vivienda que impide a los jóvenes dotarse de la autonomía necesaria para encarar un proyecto de vida, irreconciliación creciente entre la vida laboral y la vida social y familiar, etc.
Funcionando así la sociedad, y sin otra alternativa posible, no hay duda de que en la mayoría de los países desarrollados se hubieran de producir mayores desigualdades entre las diferentes capas sociales de la población. Lo mismo podríamos decir sobre las desigualdades crecientes entre los países ricos y los países pobres. El neoliberalismo imperante que sacralizaba el mercado por encima de cualquier otra consideración no daba para más pero tampoco dejaba que surgiera otra alternativa con credibilidad.
Aunque fue necesaria una mayor toma de conciencia a nivel internacional para que los factores ambientales comenzaran a tomarse en cuenta en nuestro País, reconozco que, desde que accedimos al autogobierno, la respuesta a nivel institucional han sido muy importante y positiva. La recuperación de los ríos y las mejoras introducidas en materia de captación, suministro y depuración de agua, construcción de carreteras y autopistas y ordenación del territorio y urbanismo han sido meritorias. Es evidente que las exigencias derivadas de nuestra pertenencia a la Unión Europea también han ayudado decisivamente a ello pero, sobre todo, creo que ha influido mucho también el hecho de que los vascos amemos tanto a nuestra Tierra, a nuestro País, y nos esforcemos, gracias a nuestro autogobierno, por hacerlo cada vez más agradable y confortable para vivir.
Desgraciadamente, ha surgido con fuerte virulencia el tema del Cambio Climático hasta el punto de haber llegado este tema a estar considerado como la mayor amenaza ambiental que se cierne sobre nuestro futuro. Por ello, la interrelación que el Cambio Climático tiene con el Desarrollo Sostenible nos resulta vital. De este modo, la lucha contra el Cambio Climático se ha convertido en el principal, aunque no en el único, “leit motiv” que impulsa nuestras acciones hacia la consecución del Desarrollo Sostenible.